lunes, 13 de abril de 2020

*ENSAYO BREVE SOBRE LA PSICOLOGÍA, Y NUESTRO PRIMER PACIENTE. 


La experiencia de atender un paciente por primera vez no se ha de olvidar nunca más, ni mucho menos la sensación con la que uno queda al finalizar mutuamente el tratamiento terapéutico, debes estar al tanto de que te tocarán pacientes de toda categoría, casos simples y casos muy complejos, quizás en algunas instancias no haya satisfacción, quizás haya otras sensaciones, como preocupación, nervios u otros; pero debes estar seguro de que siempre será tranquilidad y sensación de logro una vez que se haya finalizado cada terapia psicológica, aunque insisto, son sólo impresiones y especulaciones, la verdadera Psicología siempre se comprueba en el mundo abierto, en el vasto campo de las distintas instituciones, consultas privadas, centros especializados, públicos o privados.
            Para ilustrar mejor, te comento sobre mi primera experiencia: en un comienzo tenía entendido que iba a atender a un niño, niña o adolescente, me había hecho la idea de aquello, pero luego me comentaron que por flujo de pacientes existía la posibilidad de atender a alguien mayor, nunca tuve problema con aquello, ya que siempre me sentí receptivo para cualquier tipo de caso que me fuese a llegar. De eso se trata ser un profesional de la salud, de estar siempre en la incógnita de cuál será el caso o quién será la persona que a uno le puede deparar, uno nunca sabe qué tipo de paciente nos puede llegar y uno debe estar preparado para afrontarlo todo. Uno no puede quedarse atrás, debe ir al margen del paciente, debemos ser sus mentores y sus guías en el camino para hallar la luz o encontrar su propia estrella, que le sacará de un camino de sombras, confusiones u oscuridad.
            Comentando otras cosas diferentes, me surge la intención de escribir que siempre he sentido especial atracción hacia la literatura de toda clase, y mi experiencia desde que he entrado en psicología ha sido muy similar a lo que siempre he hecho, buscar y explorar dentro de los libros y de las teorías que tratan de definir el mundo, siempre he sido una persona con muchas curiosidades, siempre he querido ir más allá y desde la temprana infancia siempre me gustó la investigación, la especulación y los desafíos mentales; en este caso, con la Psicología no me he quedado atrás, año tras año me he sentido más y más interesado por el universo que entrega y cada vez más le pido a lo desconocido tener constante tiempo y espacio para poder estudiar más teorías, más definiciones, más autores, siento que uno se vuelve en un verdadero profesional cuando dedica una buena parte de su vida al trasfondo de su dedicación. Sobre esta premisa, debo decir que utilizar las terapias narrativas me pareció una muy buena estrategia para guiar el caso en cuestión, venía hace un tiempo escuchando sobre tales, conozco un par de psicólogos cercanos que las aplican en sus terapias, más, nunca había profundizado en ellas ni mucho menos me había servido de las mismas para algún caso clínico, me llama bastante la atención que las cosas hayan confabulado para hacer uso de esta terapia en lo que sería mi primer caso de atender a un paciente. Siento que la aparición de esta corriente terapéutica es muy útil para los diversos cambios y flujos que existen en nuestra contemporaneidad. Estamos en un mundo cambiante, en donde simplemente vivimos, no tratamos de comprender lo que hay más allá o “más abajo” o “más arriba” de las cosas aparentes, el comprender los esquemas ideológicos que rigen el mundo es comprender los sistemas de significado que rigen la existencia racional del ser humano, sin duda que hay mucho de filosofía en aquellas nociones. La antropología se guía por la filosofía y la estudia en un cierto grado, al igual que la sociología, las terapias narrativas están inspiradas por un importante sustento antropológico (White era trabajador social, Epston antropólogo). También pienso que todo psicólogo debe saber un tanto de antropología, sociología, trabajo social y filosofía, siento que estas ramas se complementan y que hay que conocer por lo mínimo el corpus de cada una de ellas, especialmente para poder llevar a cabo una terapia que desee cambiar el sistema de significados en torno a un tema -a una problemática dominante en este caso -, uno no debe dejarse guiar por una sola doctrina o ciencia, siempre hay que poseer un panorama general sobre las concepciones del mundo, uno puede especializarse en una de esas profesiones (o en más de una, esto queda a gusto del profesional), pero sin duda que no todo se queda en la Psicología, hay que ir más allá. Sin aquellas ciencias es imposible comprender o entrar en las necesarias contemplaciones para observar la vida y sus múltiples manifestaciones.
            La experiencia con la paciente - que ahora llamaremos Marcia para proteger su identidad - fue muy grata, pero estoy al tanto de que pueden llegar casos más complejos como dije anteriormente, que requieran sintomatologías específicas, identificación de psicopatologías determinadas o etc. También es necesario que todo profesional se autoevalúe, que estudie, que se someta a sus propios métodos, que se autoanalice, que comprenda el funcionamiento de su ser; un verdadero maestro es un guía porque ha sabido conocerse así mismo, y lo más importante: ha sabido dominarse así mismo.
            Una persona se encuentra realmente capacitada para guiar a otras cuando él/ella mismo/a ha encontrado las claves que rigen el mundo, y ha utilizado esas llaves para abrir las puertas del conocimiento, del conocimiento científico y del conocimiento experiencial. Quiero quedarme con esta palabra, la “experiencia”, ya que es por medio de la misma que podemos vivenciar los hechos, para aprender a diferenciar lo que es real de lo que es ilusorio. Uno no debe dejarse envolver con la ilusión aparente de las cosas, no podemos quedarnos con la primera impresión, eso sería cometer una falta muy grave, el ser humano es un ser profundo, holístico, con diferentes dimensiones que le constituyen, con diferentes disposiciones a determinadas estructuras psíquicas, pensamientos y perspectivas que son dignas de ser conocidas, antes de poder ejercer siquiera una opinión.
            Con Marcia nunca dejé de sorprenderme, escribí muchas cosas a lo largo del informe que confirman esta noción, todo lo escrito a lo largo de estas hojas es gracias a ella, gracias a su mundo lleno de matices. El hecho de que hayamos alcanzado los objetivos terapéuticos fue muy gratificante para ambos, y la palabra co-construcción ha sido fundamental para llegar a todos los resultados y metas, todo fue una constante colaboración de parte de ambos, pero siempre manteniendo a Marcia como la protagonista de su terapia. Destaco esta noción dentro de lo que significa hacer algo “realmente terapéutico”, siento que la persona que acude al psicólogo es porque realmente necesita ser escuchada y atendida, por ello, uno no debe hablar más de lo justo y necesario - ya sea de lo técnico como de lo que corresponde dentro de la empatía y la alianza terapéutica - uno no debe opacar al paciente, al contrario, debe escucharle atentamente, lo que es también un signo de respeto y dignificación por el otro; es muy importante no distraerse cuando nos narran sus historias, esta es una capacidad que debe entrenarse a como dé lugar, y hay que aprender a anotar lo justo y necesario en la libreta y dejar todo lo demás para ser almacenado por la memoria. Los manuales comentan que uno debe siempre tener una postura neutral objetiva y lo apoyo, pero hay momentos en que la empatía debe ir un poco más allá, debemos sentir las vivencias que nos relatan, pero con cuidado de no absorber sólo lo negativo, hay que aprender a manejar estas acciones sutiles y sólo la experiencia podrá realizarlo. Si no nos colocamos realmente en la posición en que debemos estar, si no nos tomamos muy en serio lo que significa la comunicación y la unión, pronto, en un futuro no muy lejano, el advenimiento de la inteligencia artificial inducirá a que una máquina pueda realizar nuestro trabajo, ¡¡no debemos dejar de ser humanos!!
            Las clases de taller, las disertaciones y las retroalimentaciones son muy útiles para poder ver lo que hacen los compañeros, para ver como ellos proceden también, ese sistema es ideal para ejercitar el oído, la observación, la comprensión, el análisis crítico, el análisis emocional y las relaciones interpersonales entre colegas. Siempre siento que a veces, entre compañeros, falta que apliquemos los principios que tanto buscamos entre nosotros, las relaciones sociales son superficiales y mayoritariamente distantes, a veces frías, a veces no existe un saludo ni una despedida, estas son cosas que deben trabajarse y que generan contradicciones con el ideal de profesional que aspiramos a ser.
            Los psicólogos buscamos el mejoramiento de la raza humana por medio de la identificación de patrones desadaptativos o desbalanceados de los sistemas establecidos de orden, pero también debemos estar conscientes que el caos es parte de la vida y que incluso, del caos nace la vida, del caos nace el orden natural, esto lo sabe la física, la astronomía y la astrofísica. Los psicólogos buscamos resurgir la pulsión de vida en todas las personas, nos preparamos para hacer elevar las virtudes y las herramientas más recónditas de las personas, esas que se han perdido en el vacío, pero de todo vacío surge una luz que nos muestra el camino, que debe encontrarse y trabajarse conscientemente y que nos induce a crecer como individuos, pudiendo ser así un aporte para nosotros mismos, tanto como para la sociedad y la humanidad.
            Por citar un ejemplo, mientras que la depresión crece y crece, aún no queremos abrir los ojos y ver el porqué de su origen, ya para el 2020 será la segunda causa mundial más grande que “provoca menoscabo en la especie humana” y ya por algunos autores es considerada como una epidemia, semejante a un resfrío, que puede ser “contagiosa” y dichas acepciones no están muy lejanas de lo verídico, es muy cierto que cuando nos rodeamos de personas negativas se nos tiende a “adherir” dicha negatividad (sólo si es que no sabemos cómo manejar las distintas fuerzas que rigen una conversación o una relación de cercanía o trabajo). Debemos estar conscientes que en el universo no todo es “psiquis”, existe algo más allá, algo que moviliza al cuerpo y al ser cognoscente, inferir que todo se reduce a selección natural es propio de un postulado muy básico, las ciencias aún no han llegado tan lejos como para comprender las hazañas del espíritu, aún la ciencia es muy joven como para descubrir ciertas realidades desapercibidas para la comprensión humana, aún la ciencia puede ser muy ingenua al reflexionar que un bisturí, un microscopio o un fármaco son “el Elixir de la Vida” o el “Cáliz que nutre la Vida”. Pero por mientras, sin ser ambiciosos ni caer en premisas de índole idealista, debemos centrarnos en el estudio de la psiquis para descifrar el comportamiento del hombre y la mujer, y los distintos fenómenos que rigen las sociedades, las naciones, los países, a lo largo de las épocas, a lo largo de los milenios y la Psicología, es un instrumento a nuestra disponibilidad. Quizás los descubrimientos hasta la fecha no conviertan aún al Plomo en Oro, pero sin duda que han despejado el camino y han trazado una vía para recorrer dentro de la vasta jungla de la evolución.
            Sin afán de convertir esto en un ensayo hermenéutico o teórico, y volviendo al motivo que me corresponde, deseo señalar que estoy muy feliz por todo lo que logramos con mi paciente, me ha reconfortado mucho observar sus avances, la brillantez en sus ojos en las últimas sesiones y lo empoderada que ella se veía y se sentía ya al finalizar la última sesión. Pero hay que mantenerse a raya, como dijo la profesora de la asignatura "taller clínico I" en una última retroalimentación, “hay probabilidades de que ella no rompa fácilmente las pautas de la dependencia que la guían” y me parece muy acertado, no hay que descartar que quizás muchas de sus actitudes son producto de una dependencia emocional a personas específicas y que quizás se ha dejado llevar por pensamientos y/o emociones similares, que la han movilizado a decir las cosas que dijo o a hacer las cosas que hizo. Y volviendo a la premisa que he tocado en este ensayo, cada persona es un mundo complejo y no se puede esperar que sólo en nueve sesiones se pueda conocer a una persona completamente, sólo conoceremos sus facetas predominantes, porque existe un lado inconsciente y subconsciente que rigen la conciencia, la razón y la voluntad, no hay que dar todo por sentado y siempre hay que dudar, hay que mantenerse firmes.
            La Psicología es muy atractiva, queda muy poco tiempo para que entres completamente a su mundo, a la cueva del “país de las maravillas” y en lo personal, te comento que hay que hacerlo con mucho respeto y devoción, cuando uno hace las cosas de esa manera, puede recibir mucho, desde fuentes inimaginables e invisibles. Nunca hay que olvidar que no todo lo que aparenta ser de una forma es así en el fondo, así lo decían los antiguos axiomas hace cientos y cientos de años atrás, hay leyes y principios que rigen las cosas, las actividades y los fenómenos universales que la mente humana ni siquiera puede aún descifrar, pero que, con la debida humildad y práctica, podríamos observar, ingresar nuestra vista hacia aquellas comprensiones y entender un poco más de los funcionamientos que rigen las fuerzas de la existencia es un ideal que no debemos jamás abandonar.
            ¡Agradezco por todas las experiencias aprendidas a lo largo de mi profesión hasta hoy en día y estoy seguro que en los próximos años serán excelentes las que están por venir!


F.D.L.


Sobre la Terapia Narrativa

Sobre la Terapia Narrativa

FUNDAMENTACIÓN TEÓRICO-CLÍNICA


Para el abordaje de los pacientes podemos utilizar “los medios narrativos en instancias terapéuticas” por Michael White y David Epston y de “Re-Autoría: Respuestas a las preguntas más frecuentes”, compilado por Maggie Carey y Shona Russell.
            Haciendo una revisión histórica de la creación de la terapia narrativa, es importante mencionar que las ideas que la fundamentan provienen de distintas teorías sociales, es por ello que se incluyen algunos aspectos del pensamiento de Michel Foucault sobre el poder y el conocimiento en su formulación. Michel Foucault fue un intelectual francés que se describió a sí mismo como un “historiador de los sistemas de pensamiento” y cuya obra resulta de gran importancia para el sustento de las teorías de terapias narrativas.
            Por allá en los años ochenta y noventa surgía distinta literatura sobre terapia familiar que abrían debates sobre la comprensión del concepto del poder. En tales debates surgieron opiniones basadas en que el “poder” no existe, que es algo que se construye netamente en el lenguaje, bajo esta primera premisa se afirma que los que experimentan sus efectos han contribuido a “producirlo”. La posición contraria sostiene que el poder existe realmente y que es ejercido por algunas personas con el propósito de oprimir a otras. La polémica parece haber llegado a un punto muerto y ello no ha contribuido a hacer avanzar la reflexión sobre el poder y su funcionamiento en aquellos años. No obstante, Foucault, aporta una vía que ilumina este aparente callejón sin salida.
            White y Epston también se inspiraron por los escritos de Bateson (1972, 1979) de donde proviene el “método interpretativo”. En ciencias sociales se comprende que este último no se utiliza en sentido psicoanalítico, sino que se utiliza para estudiar los procesos por los que desciframos el mundo, dado que no podemos conocer la realidad objetiva, todo conocimiento requiere de un acto de interpretación. Como menciona White, “al cuestionar que las nociones lineales de causalidad (derivadas principalmente de la física newtoniana) fuesen adecuadas para explicar los hechos en los ‘sistemas vivos’, Bateson argumentaba que para nosotros no es posible conocer la realidad objetiva” (White, Epston, 1993); es por ello que, refiriéndose a la máxima de Korzybski que afirma que “el mapa no es el territorio”, Bateson afirma que la comprensión que tenemos de un hecho, o el significado que le atribuimos, está determinada y restringida por su contexto receptor; es decir, por la red de premisas y supuestos que constituyen nuestros mapas del mundo (White, Epston, 1993). Comparando estos mapas con pautas, argumentó Bateson, que la interpretación de todo acontecimiento está determinada por la forma en que éste encaja dentro de las pautas conocidas, y llamó a eso proceso de “codificación de la parte a partir del todo” (Bateson, 1972). El autor, no sólo sostuvo que la interpretación de un evento está determinada por su contexto receptor sino también que aquellos acontecimientos que no pueden “pautarse” no son seleccionados para la supervivencia, tales acontecimientos no existen como hechos concretos.
            White ocupó también los estudios de dimensión temporal del propio Bateson, afirmando que toda información es necesariamente la “noticia de una diferencia” y que es la percepción de la diferencia lo que desencadena todas las nuevas respuestas en los sistemas vivos; Bateson demostró que situar los eventos en el tiempo es esencial para la percepción de la diferencia y la detección del cambio. La incorporación futura del concepto de “narrativa” siempre estuvo ligada a una noción de dimensión temporal. Según Bruner (citado por White, 1986), la estructura narrativa tiene una ventaja sobre otros conceptos afines, como la metáfora o el paradigma, porque destaca el orden y la secuencia (…) y es más adecuada para el estudio del cambio, el ciclo vital y cualquier otro proceso desarrollo, el relato como modelo tiene un interesante aspecto dual: es tanto lineal como instantáneo.
            Sobre la terapia familiar, el método interpretativo, en vez de proponer que cierta estructura subyacente o disfunción de la familia determina el comportamiento y las interacciones de sus miembros, se sostiene que es el significado que los miembros atribuyen a los hechos lo que determina el comportamiento. White manifiesta un interés temprano por estudiar la forma en que los miembros organizan sus vidas alrededor de ciertos significados y cómo, al hacerlo, contribuyen inadvertidamente a la “supervivencia” y a la “carrera” del problema. Aquí hace una diferencia con otros teóricos familiares que consideran que el problema es de algún modo requerido por las personas o por el “sistema”, en cambio White se interesó por las exigencias del problema para su supervivencia, y por el efecto que tienen esas exigencias sobre las vidas y las relaciones de las personas. Propone así que las respuestas de los miembros de las familias a las exigencias del problema, tomadas en su conjunto, constituyen inadvertidamente el sistema de apoyo a la vida del problema.
            La carrera o el “estilo de vida” del problema se convierte en la narración del problema. Los problemas en un contexto de “tendencias” parecen tener una vida propia en la que con el tiempo llegan a ejercer más influencia, y son los miembros de la familia los que parecen no advertir la índole progresiva y direccional de la co-evolución alrededor de las definiciones de problemas, esto funciona tanto a nivel macro (familia) como a nivel micro (individual). Es por eso que White propone la externalización del problema como un mecanismo para ayudar a apartarse de descripciones “saturadas por el problema” de sus vidas y relaciones (White, 1984, 1986, 1987).
            En los inicios de las ciencias sociales, los estudiosos de este campo, en un esfuerzo por justificar su empeño, lograr credibilidad y reclamar legitimidad, buscaron en las ciencias físicas positivistas mapas sobre los que basar su interpretación de los acontecimientos en los sistemas sociales. Cuando el positivismo – la idea de que no es posible tener un conocimiento directo del mundo – empezó a ser objeto de conocimiento, los expertos en ciencias sociales se dieron cuenta de que otros científicos procedían por analogía. Observaron, además que las analogías de las que ellos estaban apropiándose ya habían sido adaptadas a partir de otros campos por las ciencias físicas – que “la ciencia le debe más a la máquina de vapor que la máquina de vapor a la ciencia” (Geertz, 1983) – y se sintieron libres para buscar en otra parte las metáforas de las que habrían de derivar sus teorías. Geertz explica este desplazamiento como la “reformulación del pensamiento social”. Actualmente se acepta que toda formulación que postule significado es interpretativa: que estas formulaciones son el resultado de una indagación determinada por nuestros mapas o analogías o, como dice Goffman (1974), por “nuestros marcos interpretativos”.  Por lo tanto, las analogías que empleamos determinan nuestro examen del mundo: las preguntas que formulamos acerca de los hechos, las realidades que construimos y los efectos “reales” experimentados por quienes participan en la indagación. Las analogías que usamos determinan incluso las propias distinciones que extraemos del mundo.
            Continuando sobre el basto campo de investigación sobre las analogías, White sigue la línea de la “analogía del texto”, que en la organización social son construidos como “textos de comportamientos”, que generan representaciones de historias o conocimientos entendidos como opresivos o dominantes, pero no todo se queda allí, ya que permite un espacio disponible para la elaboración de historias alternativas.
            Los expertos en ciencias sociales llegaron a la conclusión de que no podemos tener un conocimiento directo del mundo, y que todo lo que las personas saben de la vida lo saben a través de la “experiencia vivida”. Según White, esta propuesta llevó a la formulación de nuevos interrogantes: ¿Cómo organizan las personas sus experiencias?, ¿Qué hacen con esta experiencia para darle un significado y explicar así sus vidas?, ¿cómo se da expresión a la experiencia vivida? (White, 1993). Los investigadores que adoptaron la analogía del texto respondieron argumentando que, para entender nuestras vidas y expresarnos a nosotros mismos, la experiencia debe “relatarse”, y que es precisamente el hecho de relatar lo que determina el significado que se atribuirá a la experiencia.
            En su esfuerzo de dar un sentido a su vida, las personas se enfrentan con la tarea de organizar su experiencia de los acontecimientos en secuencias temporales, a fin de obtener un relato coherente de sí mismas y del mundo que las rodea. Las experiencias específicas de sucesos del pasado y del presente, y aquellas que se prevé ocurrirán en un futuro, deben estar conectadas entre sí en una secuencia lineal, para que la narración pueda desarrollarse. Se puede decir que esta narración es un relato, o una autonarración (Gergen y Gergen, 1984). El éxito de esta narración de la experiencia da a las personas un sentido de continuidad y significado en sus vidas, y se apoyan en ella para ordenar la cotidianeidad e interpretar las experiencias posteriores. Puesto que todos los relatos tienen un comienzo (o historia), un medio (o presente) y un fin (o futuro), la interpretación de los eventos actuales está tan determinada por el pasado como moldeada por el futuro.
            La estructuración de una narración requiere la utilización de un proceso de selección por medio del cual dejamos de lado, de entre el conjunto de los hechos de nuestra experiencia, aquellos que no encajan en los relatos dominantes de nosotros y los demás desarrollamos acerca de nosotros mismos. Es así que, a lo largo del tiempo y por necesidad, gran parte de nuestro conjunto de experiencias vividas quedan sin relatar y nunca es “contado” o expresado. En palabras de White, “permanece amorfo, sin organización y sin forma” (White, 1993). Si aceptamos que las personas organizan su experiencia y le dan sentido por medio del relato, y que en la construcción de esos relatos expresan aspectos escogidos de su experiencia vivida, se deduce que estos relatos son constitutivos: moldean las vidas y las relaciones.
            De todo esto se consigue que, la “analogía del texto”, manifiesta la idea de que los relatos o narraciones que subsisten en las personas determinan su interacción y organización, y que la evolución de las vidas y de las relaciones se produce a partir de la representación de tales relatos o narraciones en comportamientos. De modo que la “analogía del texto” es diferente de aquellas analogías que propondrían, en las familias y las personas, una estructura o patología subyacente, constitutiva o modeladora de sus vidas y relaciones. La evolución de las vidas y relaciones a través de la representación de relatos se vincula con la “relativa indeterminación” de todos los textos. La presencia del significado implícito, de las diversas perspectivas de los diferentes “lectores” de determinados acontecimientos, y de una amplia gama de metáforas disponibles para la descripción de tales eventos, confiere a todos los textos un cierto grado de ambigüedad. Y, en el sentido en que lo toma Iser (1978) esta indeterminación o ambigüedad exige que las personas se comprometan en “la generación de significado, bajo la guía del texto”.
            En palabras de White, “los relatos están llenos de lagunas que las personas deben llenar para que sea posible representarlos. Estas lagunas ponen en marcha la experiencia vivida y la imaginación de las personas. Con cada nueva versión, las personas reescriben sus vidas. La evolución vital es similar al proceso de reescribir, por el que las personas entran en los relatos, se apoderan de ellos, los hacen suyos y pueden manejarlos” (White, 1993).
            A partir de la analogía del texto pueden postularse varios presupuestos acerca de las experiencias que las personas tienen de los problemas. Es importante el punto que White y Epston aclaran con los siguientes supuestos y son los que definen la dinámica general a seguir: a) las narraciones con las que están relatando su vivencia y/o en las que otros están contando su experiencia no representan suficientemente su experiencia vivida, y b) en este caso habrá aspectos significativos y vitales de su experiencia que contradigan esas narraciones dominantes.
            En tanto a la externalización del problema, esta permite a las personas separarse de los relatos dominantes que han estado dando forma a sus vidas y relaciones (White, 1993). Al hacerlo, recuperan la capacidad de identificar aspectos previamente ignorados, pero cruciales, de la experiencia vivida, aspectos ignorados que no podrían haberse predicho a partir de la lectura del relato dominante. White siguiendo a Goffman (1961), ha llamado a estos aspectos de la experiencia “acontecimientos extraordinarios” (White, 1987, 1988).
            Sobre el segundo texto teórico denominado: “Re-Autoría: Respuestas a las preguntas más frecuentes”, compilado por Maggie Carey y Shona Russell. Se sigue una dinámica casi idéntica al sustento teórico anterior y de hecho, fue de inspiración para aquellos autores la terapia narrativa, ya que el capítulo del libro del cual se extrae este texto se denomina “Capitulo 2 de S. Russell y M. Carey (comp.) (2004). Narrative therapy: responding to your questions. Adelaide: Dulwich Centre Publications”, a su vez, el contenido cita a White como el creador de los mapas de conversaciones de re-autoría en la página 4. Epston y White introdujeron la metáfora narrativa y la metáfora de re-autoría en el campo terapéutico (Epston & White 1990; Epston 1992; White 2001a, citado por Carey y Russell 2003). Una de las consideraciones claves que introdujo su trabajo era considerar que las historias dan forma a la identidad de las personas. La concepción del panorama de identidad es una utilización de las nociones de “estados intencionales de identidad” de White (White, 2001), así como se asevera en la página 8 del mismo texto; también se hace uso de la “jerarquía de los estados intencionales”, rescatadas de White (White, 2003); en la página 11 se hace una referencia explicativa sobre la comparación entre las conversaciones de re-autoría y las prácticas narrativas, declarando que están también conectadas por medio de las “conversaciones de externalización” (Epston & White 1990; Morgan 2000; Carey y Russell 2002); sumándole las “conversaciones de remembranza” (White 1997; Russell & Carey 2002), “prácticas de testigos externos y ceremonias de definición” (White 1995, 1999) y el uso de documentos y cartas (Epston & White 1990; Epston 1994); y basta también observar las referencias bibliográficas del mismo texto para contemplar la distinta literatura de White y Epston e incluso, los autores y teóricos que inspiraron a estos últimos, como Jerome Seymour Bruner.
            Las conversaciones de re-autoría tienen lugar entre el terapeuta y la persona que ha acudido a verle e implican la identificación y la co-creación de historias de identidad alternativas. La práctica de la re-autoría se basa en la asunción de que ninguna historia puede englobar la totalidad de la experiencia de la persona, pues siempre habrá inconsistencias y contradicciones (Carey y Russell, 2003). Siempre habrá otras historias que pueden formarse y co-crearse a partir de los acontecimientos de la vida. Nuestras identidades no tienen una única historia, somos “multi-historiados”. Es por ello que las conversaciones de re-autoría suponen la co-autoría de historias que colaborarán en el abordaje de aquello que ha traído a la persona a consulta (Carey y Russell). Las historias alternativas son similares a las de la historia problemática dominante, ya que consisten en acontecimientos pasados unidos a través de un tema, para interpretarlos también de una determinada forma, y estas pueden ser creadas a partir de conversaciones terapéuticas. El procedimiento siguiente es el mismo que el ya citado a lo largo de esta sección, también se suma la utilización de diplomas, cartas o invitados a sesionar con el paciente, que pueden ser amigos, cercanos o familiares.


Felipe De Lucas. 

sábado, 28 de marzo de 2020

Reflexión sobre nueva constitución.


Estos últimos meses no han dejado indiferente a ningún chileno, han ocurrido múltiples acontecimientos impactantes y dolorosos en donde la incertidumbre parece ser la única vía de asimilación. Hemos visto al fuego arrasar, hemos apreciado destrucción y creación, hemos sentido el espíritu de las movilizaciones sociales a flor de piel. Las distintas demandas esperan una respuesta satisfactoria, por tanto, es de suma relevancia el poder estar al tanto - ya sea desde lo teórico como de lo pragmático - de las importantes fechas que se avecinan. La posibilidad de crear una nueva constitución política podría generar las debidas transformaciones que nos permitan la unión entre los ciudadanos, entre las distintas ideologías y formas de apreciar nuestro país, pudiendo forjar el reconocimiento de los derechos que - por naturaleza - nos pertenecen.
Los sucesos ocurridos desde el 18 de octubre manifiestan el fuerte descontento de numerosos sectores, en donde se han reflejado profundas injusticias que inducen a que seamos un país inarmónico, injusto e indiferente ante las demandas del pueblo. Por ello, es necesario que podamos revisar en conjunto, a través de la ciudadanía como desde la clase política, la opción de cambiar la constitución política, en donde se reestructuren las cláusulas y principios en beneficio de todos los chilenos, y no sólo de grupos particulares, pertenecientes a las distintas esferas de poder económicas, políticas y rectoras del curso del país.
Este es un proceso en el cual debemos participar todos los chilenos, todos los que tengan el interés y el anhelo de hacer de este un país mejor, más inclusivo e integrado; con ello ser parte del cambio y de la motivación que implica tomar el peso al asunto, en base al uso adecuado de la información, al estudio, al repaso de la constitución de 1980, buscando los puntos débiles, logrando identificarlos y así poder sugerir restablecer lo que consideremos conveniente. Nadie debería quedar fuera de este momento, es de responsabilidad ciudadana la participación. También, si poseemos ciertos conocimientos sobre estas dinámicas, poder instruir a los demás e incentivar a que sean parte de proceso, en donde – al unísono – crearemos un nuevo ensayo de constitución política, diferente, renovado, actualizado bajo una visión humanista.
Atrás han quedado los juicios de hace cuatro décadas, estamos en tiempos diferentes, la óptica con la cual apreciamos la realidad ha variado, se ha modificado, ha evolucionado, y Chile puede ser parte de esto, puede contribuir en la construcción de un modelo mejor, que sirva para ejemplo a otras naciones que están en vías de crecimiento y desarrollo como nosotros. Por eso, a modo de ejemplo internacional, es conveniente que re-pensemos la importancia del rol individual en sociedad y en la contribución que cada pensamiento u opinión tiene en el colectivo, ya que todo microproceso repercute en un macroresultado. Pero para un cambio de esta magnitud, es necesario que el chileno tome conciencia y no se mantenga indiferente, debe trabajar arduamente en otorgar sentido a este proceso, porque todo cambio masivo implica también una transformación interna y un esfuerzo adicional de su parte.

Kali Yuga - Tierra Hueca - Vril y los Infiernos de Dante.


Hemos llegado a una interesante conclusión, a partir de lo leído. El sistema de castas hindú es una realidad, eso quiere decir que la casta de los brahmanes, que eran los reyes-sacerdotes está más que destruida actualmente. Todo comenzó con la intuición y la espiritualidad de los pueblos más primitivos, los que a medida que el lenguaje se fue haciendo más abstracto, la formación de los pueblos, de las ciudades, de las polis, indujo a que el pensamiento denominado "mágico" - por error - haya sido rechazado o dejado de lado, pero aun así siguió su legado la tradición religiosa, primero politeísta y después monoteísta, un sistema de castas más degenerado - se podría decir - pero seguían siendo los reyes sacerdotes. Por allá en el siglo XVIII, vemos que la clase de los intelectuales, los vaysias, principalmente aristócratas, burgueses, que tenían acceso al conocimiento, se revelaron contra la casta de los reyes sacerdotes, o sea de la Iglesia como rectora del Estado - en donde sus dirigentes son los verdaderos reyes del mundo (eran) - los vaisyas con la Revolución Francesa se revelaron contra la monarquía y el Estado, así como contra el Estado y la Iglesia, y por eso la literatura iluminista de esa época se ve tan inspirada por las Ideas de esta clase burguesa. Pero los vaysias tenían un gran poder económico, más que cualquier otra clase probablamente, incluso menos o igual dirán algunos que la casta de los sacerdotes reyes (ya que además de poseer el oro físico recaudado desde las instituciones religiosas, así como el llamado 'Oro Espiritual'), pero estas personas crearon una nueva Era.
Después la casta de los chatrias, que es la casta de los guerreros, vino inmediatamente después revelándose contra la casta de los vaisyas, así lo vemos mundialmente cuando los grandes revolucionarios de la historia moderna y hasta hoy en día, se revelaron contra la clase burguesa que se ocupó de la industrialización y de la economía, y sometieron al pueblo más que nunca ya que ellos llegaron a ser los rectores del mundo, así que ahora los chatrias, los verdaderos guerreros del 'fuego' tuvieron el trono durante algunos decenios de años, los anarquistas principalmente son de esta sección. Y después vendría la casta de los sudras, o la casta de los trabajadores, la llamada "inferior" para la denominación hindú, que es ahora la que tiene el control, llamada también del 'proletariado'.
La casta del proletariado tiene el control y el dominio actualmente, es por eso que según la tradición hindú esto se veía venir ya que la era de Kali-Yuga viene a contrarrestar el tema de las cartas, lo invierte, siendo una situación trágica para el mundo. La era de Kali-Yuga representa los desordenes, las opiniones que se encuentran, las agresividades, los problemas sociales, los cataclismos sociales, las psicosis sociales, las paranoias sociales, entre otros. Todo esto llega hasta el límite, el límite que no da más, hasta que se supone - en una fecha aún desconocida, y según una que otra determinada escuela de tradiciones antiguas hinduistas - llegaría Kalki, la décima encarnación de Vishnú a dar el fin de la era, siendo el 'Mesías Negro' como le dicen en algunas escuelas.
Entonces, después de esta disolución absoluta vendría una Era Dorada de nuevo, ya que actualmente, en nuestro año 2020 nos encontramos en la Edad de Hierro para los romanos, el Kali-Yuga para los hindúes, la Edad del Lobo para los nórdicos, y vendrá luego de un caos convertido en vacío una Era de Oro, una Era Dorada, donde renacen los Dioses y los devuelve a las castas primigenias. Este ciclo se ha repetido una y otra vez, quizás cuantas veces, esta posición es también apoyada por el gnosticismo, cátaros y otros.
Vale agregar que considerando y relacionando con la teoría de la Tierra Hueca, en la cual se supone que bajando a través de los polos o de las cavernas que están ubicadas en ciertas zonas geográficas específicas, en los Himalayas o bajo el desierto de Gobi por ejemplo, en la Antártica o en la Antigua Thule en el Norte de nuestro mundo, nos podemos encontrar bajo ellas con civilizaciones superiores según esta ciencia antigua milenaria, seres que manejan el Vril, o sea, una energía que permite a la mente manipular los objetos físicos, una especial energía denominada psicoquinética,  y serían razas superiores que en algún momento van a subir para colocar orden, no sería para dominar el mundo como algunos autores creen, sino para ordenarlo. Es por eso que los dioses volverán a salir de las cavernas, están esperando y se están preparando, y se están comunicando telepáticamente con ciertos Iniciados o clarividentes, los denominados vidya en sánscrito, etimología antigua de 'guerrero-iluminado-iniciado'.
Las razas que están abajo, según las ciencias más milenarias, son razas puras, superiores, podrían haber gigantes por ejemplo; pero en el fondo son los antiguos dioses que están bajo la tierra, que buscaron un lugar donde refugiarse cuando quedó la catástrofe, esto también lo dice Edmund Kiss, el explorador nacionalista que anduvo por nuestro país, Chile, para explorar o buscar las cuevas que nos llevaran al centro de la tierra. Según el almirante Byrd, al centro de los polos hay trópicos, con faunas y floras fantásticas. Sobre el centro de la Antártida imaginemos que debe haber información que no ha salido a la luz pública, pero ¿qué se sabe de lo que hay ahí o de lo que se ha encontrado?, queda como un secreto militar entre las bases militares ocupadas por los países en la Antártida o en el polo norte.
Básicamente, eso tiene sentido cuando observamos que algo tiene que colocar orden a este desorden que comenzará a desembocar más y más, y que mejor que los dioses que tengan que venir a poner orden. Utilizando el Vril, una energía que quizás les permita mantener su estado divino una vez en la superficie. Pero estos 'seres superiores' vivieron en la Tierra, pero con el desorden de las placas tectónicas, telúricas, cuando los continentes comenzaron a desplazarse nuevamente y comenzaron a ocurrir grandes diluvios y deshielos, y se intercambiaron los continentes, ya que nuestro continente estaba hundido y salió a la superficie y el continente antiguo se hundió, siendo la parte más alta de las montañas de ese continente antiguo, de esa pangea antigua, de esa distribución continental antigua, lo más alto de sus cimas son ahora la Antártida, la Antártida es la Atlántida que volverá a surgir cuando se derritan los polos, situación que ahora está ocurriendo.
El Cristianismo invirtió todo. No olvidemos que toda religión nueva convierte en demonios en los dioses de la anterior religión, y así sucesivamente ha ocurrido con el advenimiento de nuevas instituciones religiosas a lo largo de la historia. El cristianismo consideró al dios de la iluminación racional y anarquista, que era la fuente del saber iluminado romano en un demonio, y de hecho, el demonio principal de su cosmogonía religiosa, condenaron a las civilizaciones que están bajo la Tierra, que es un conocimiento muy antiguo que basta con estudiar la cosmogonía tibetana para dilucidar que ellos esconden un secreto antiguo o las llaves de una de las ciudades perdidas (Agartha bajo el desierto de Gobi); convirtieron en un infierno a lo que está en el centro de la tierra, todo lo que significa un pecado en esta mitología cristiana, o sea, actuar de acuerdo a nuestra voluntad, ser nosotros mismos, no ser sumisos ante un dios castigador o voluble (monoteísta), nos lleva al infierno, es decir, al fuego que está 'en el centro de la Tierra', en donde se supone que está el demonio. Pensamos que ese demonio podría ser el denominado 'Rey del Mundo' del que muy pocas personas en el mundo tienen conocimiento... pero que al revisar las tradiciones de oriente podemos encontrar en numerosas ocasiones, y del cual habla la teosofía con Madame Blavatsky, entre otros autores y corrientes. El Rey del Mundo lo convirtieron en demonio, todos los dioses fueron convertidos en séquitos de demonios y vemos que Dante Aliguieri, quizás inspirado un poco por el cristianismo (aunque se decía que era un brillante ocultista y místico iniciado), pero ocultando claves herméticas y subliminales, escribió La Divina Comedia en el siglo XIII, y en las ilustraciones que ahí están reflejadas, sistematizó las nueve esferas hacia el infierno y las nueve esferas hacia el cielo. Sobre las nueve esferas hacia el centro de la tierra, podríamos aventurar que van desde lo "más bajo" cometido por la raza humana, de los básicos instintos carnales castigados hasta los instintos psicopáticos, asesinos, los crímenes y más, por los cuales somos castigados en vida y después de la muerte, cayendo en un determinado paraje del infierno. Bueno, todo esto fue inverso, ya que se supone que en las tradiciones más antiguas que el cristianismo, mitología diseñada hace mil setecientos años recientemente, dicen que las civilizaciones de abajo son sagradas.

En fin, ese es nuestro aporte esta mañana. Saludos lectores.

viernes, 27 de marzo de 2020

Sobre lo Apolíneo y Dionisíaco en las Ciencias de la Salud Mental. De Nietzsche a Capponi a De Lucas.


Grabada el 28 de febrero de 2020. 


Nos acabamos de dar cuenta de una observación interesante, que es susceptible de ser registrada en este libro. Decir que nos acabamos de dar cuenta mientras leíamos "Psicopatología y Semiología Psiquiátrica" de Ricardo Capponi M., que es un libro completamente apolíneo, y por ello llegamos, cuando estábamos en el capítulo de las "ideas delirantes", específicamente en el «nihilismo delirante», a la siguiente observación:

Desde el nihilismo delirante se entiende que la concepción de pensamiento propia de la filosofía nihilista llevaría al paciente a un estado de putrefacción, muerte, negación de los órganos, negación de la propia vida en el sentido como tal de la «existencia», entendido desde la Ética. Por tanto, hemos llegado a la hipótesis y a propósito de leer los capítulos introductorios del libro, que un autor como Capponi ha hecho su obra basado en una ciencia apolínea, ya que busca a partir de las apariencias construir al individuo y así adaptarlo en sociedad bajo una ética imperante y porque no, tal vez, bajo una moral imperante. Por ello recordamos que en el comienzo - en los primeros capítulos - mencionaba el autor que la filosofía de Nietzsche y la de su maestro, Schopenhauer, básicamente nihilistas y pesimistas (en ese orden) en sus composiciones teóricas, producirían una disgregación y disolución del yo en la persona. Las barreras que permiten una adaptación social en el medio y una aceptación particular en el plano interno - que inducen en su correcto cause a la unión 'correspondiente' bajo una norma con la sociedad, al comportamiento con los demás así como consigo mismo - se vean completamente disueltas en base al cuestionamiento, por ejemplo, o la negación.
Desde luego, mencionamos que esto sería una causa de psicopatología importante: en tanto la ciencia psicológica como la ciencia psiquiátrica permiten bajo un modelo de ética, de adaptación psicológica externa como interna - en la concepción de la persona con el sí mismo, como con el yo grupal - así como en la relación con la sociedad y con la cultura imperante, que la Norma - una norma aceptada en consenso societal - produzca que los esfuerzos de estas ciencias y disciplinas estén inclinados a un propósito de perduración del orden, velando por la adaptación del individuo a esta caracterología de lo «normal». Es por ello que podemos hablar que son ciencias apolíneas, ya que rechazan, cuestionan, clasifican y estudian en profundidad el modelo de pensamiento y actuar dionisíaco. 
Sobre la - igualmente poderosa - influencia de Dionisio, decimos que está basada en la libre aceptación de la voluntad de la naturaleza a través del Ser o del espíritu humano, manifestada en éxtasis, en danza, en liberación, en cuestionamiento a las leyes y a las normas de la moral aceptada - ¿en el caos? sí, en el caos primigenio - en la expresión artística, así como en la faceta de la tragedia de Dionisio -que no todo es tragedia, de ahí que hay diversión, éxtasis, unión mística con el mundo - no busca tanto la individuación o el retorno a la individualidad como el camino apolíneo. Libertad versus Libre albedrío, una de las grandes luchas etimológicas. Por ello, la liberación como tal dionisíaca, con todo su mundo y facetas, es lo que la ciencia de la mente y la salud mental contemporánea busca dominar y catalogar como patológico y/o enfermo en los comportamientos símiles, y aunque estas dos corrientes primitivas parezcan estar en lucha, no lo están. La lucha es siempre aparente, se debate en el plano de los opuestos contrarios, o sea, en la conciencia normal; pero en lo profundo, al ser dos prístinas fuerzas ontológicas, devienen en un Uno, en una unión que escapa a nuestra comprensión común. Apolo como Dionisio son dioses que comparten fraternidad y que son amigos, hay una unión y comprensión mutua por sus propias naturalezas deificadas, que los mantiene - pese a las diferencias - en un estado de unión, armonía, sintonía y «relación afectiva», por qué no.
De ahí que hemos llegado a este análisis, como a una reflexión en torno a las actividades que tenemos en nuestro día a día, y esto netamente nos ayuda a poder aclarar la idea y poder meditar sobre las prácticas cotidianas de otra forma. Y con permiso del lector, abandonamos por un momento la tercera persona y nos situamos en la primera: al decir, por ejemplo, que la psicología como mi carrera actual, representa un sentimiento y una práctica apolínea - que tendrá una gran cabida en mi vida desde ahora - pero que se ve equilibrada - para ilustrar mejor - con mi otra carrera que es el Arte de la Cinematografía, en la cual considero que es en un 90% dionisíaca; y que si bien posee rasgos apolíneos, estos se pueden apreciar en la clasificación basada en la crítica, ensayística y articulismo cinematográfico, en la argumentación en tanto al contenido de las películas (el guión cinematográfico, técnico y planimétrico), en la forma de ser creada, organizada y llevada a cabo como una técnica (esta es la parte apolínea, sobre todo si se respeta a cabalidad), por tanto, para realizar una comparación, existiría un equilibrio basado en la relación con el otro polo: en la subjetividad de los personajes como en la historia tal, en la literatura que la justifica y le da vida  (más allá de la técnica) álmica dionisíaca, así como en las relaciones extraprogramáticas entre los equipos de producción y realización audiovisual...
El cine en su literatura es dionisíaco porque representa la tragedia humana en su mayor esplendor, bajo distintas, múltiples y miles de facetas.
Por otro lado, la ideología política que nos está interesando en estos momentos, que es el anarco-capitalismo como el anarco-individualismo, más la primera (ya que la segunda es una filosofía como tal, que la respalda y la cultiva), el anarco-capitalismo mantiene apolíneamente las apariencias a través de la soberanía del individuo por medio de la propiedad privada y el mercado libre, en la cual uno se podría sentir libre o no de poder estar en la economía y en el mercado en base al intercambio de mercancías, o en base al intercambio monetario. Principios de propiedad sobre uno mismo y la no agresión, aboliendo la ley de la gestión política. Lo cual implica - como consecuencia lógica - un trabajo económico y un modelo a seguir que se basa en ciertas costumbres sustentadas en una "normal" relación en base a la mercancía con el resto de las personas, ya sea desde compradores o vendedores, y los unos con los otros. Esto se justifica el rechazo al Estado, como institución que ejerce el monopolio del poder legitimado, adoptando la libre empresa, junto con el mercado de servicios, ley y seguridad para las comunidades transnacionales. Lo anterior, por tanto, sería la parte apolínea. La parte dionisíaca vendría a ser el anarquismo en su esencia 'misteriosa y salvaje como el instinto' como expresaría poéticamente Émile Armand, que justifica la abolición absoluta del Estado, del gobierno político, de la autoridad social y de los ordenes públicos regidos desde - generalmente - un Estado estrechamente ligado con Dios. Porque pese a que nos interesan las religiones, así como sus campos exegéticos y  de investigación, aun así pensamos que no deberían regir con el Estado, no debería haber una religión imperante. Aquí existiría un equilibrio - pensamos - en la postura política del anarcocapitalismo, casi de 50% y 50%, siendo generosos con un espectro del prisma y con el otro. Y, por otro lado, a través de Dionisio y de toda la cultura dionisíaca, el espíritu de dicha corriente, al haber sido opacado por Sócrates, por Anaxágoras, entre otros, a través de la anulación (por qué no, a la larga) de la tragedia griega, intercambiándola con ditirambos dramáticos, con las llamadas "pinturas musicales". Es así que el conocimiento dionisíaco pasó a ser parte de cultos mistéricos y secretos, desde donde emerge el placer que sentimos por las sociedades secretas, ya sea desde su estudio como desde la participación ocasional, induciendo a que sea un estudio netamente dionisíaco, estando allí la Iniciación dionisíaca con todas sus facetas y esplendorosos episodios que al fin y al cabo serían delirosos, delirantes para los apolíneos y sus ciencias, pero que para los dionisíacos son también experiencias y éxtasis en la conciencia, que se mueven entre los niveles de la conciencia, entre el subconsciente, inconsciente, preconsciente y el consciente, que generan a partir de un discernimiento explícito que se hace vivo en la experiencia, siendo una epistemología de la realidad perfectamente válida, que contiene su simbolismo, su explicación, sus niveles jerarquizados de revelación de la sustancia que se hace conocer, más toda una gama de organización que existe, y que justifica la creación de las sociedades secretas en donde estos saberes se transmiten pese a estar en la época empírica-científica-socrática en la cual nos encontramos actualmente y desde la que este filósofo - Sócrates - es uno de sus principales y dramáticos inspiradores.
Vemos que esta ciencia dionisíaca equilibra el estilo de vida laboral que deseamos seguir a partir de la psicología, por lo tanto existe un equilibrio, y una ayuda y cooperación entre los dioses.

También, si nombramos el psicoanálisis, podemos decir que se encuentra entre ambos dioses, diríamos «entre ambos espectros de la naturaleza y del cosmos, pero particularmente ahora de la esencia personal», ya que si bien es un método de aproximación al inconsciente humano, al poseer técnicas de tratamiento como de abordaje de la terapéutica por medio de modelos dinámicos, observamos que posee su lado apolíneo pero - casi completamente - las teorías vienen a ser parte de un éxtasis dionisíaco. Sobre todo cuando se comparan con el arte y la mitología. En consecuencia, el uso que diversos autores le han otorgado al psicoanálisis, han hecho que le sirvan a uno u otro dios - hablando en términos simbólicos - ya sea para el tratamiento apolíneo de las masas como de la liberación dionisíaca que se ha visto traslúcida también en la política, ya que desde el psicoanálisis nacen corrientes feministas, corrientes de aceptación de la diversidad sexual, corrientes que aceptan el advenimiento de una época matriarcal, como también del reconocimiento de la liberación sexual. Pensamos que estas ideologías han sido muy ocupadas políticamente y filosóficamente para ese lado como para el otro: el psicoanálisis relacional, por ejemplo, podría ser más apolíneo; y podríamos también aventurar que el psicoanalista hermenéutico puede servirse de ambos conocimientos, de ambas dimensiones, para poder tratar al paciente, mediante procesos en los cuales este último toma conciencia de estos procesos - de lo Apolíneo y lo Dionisíaco -, y de que están perfectamente vivos, actuando dentro de uno mismo como dentro de la sociedad y dentro de las culturas que componen este macrosistema de nuestro mundo.
Esto nos gustaría acotar, reflexionando sobre este análisis antes que pasemos a otra idea que podría quizás distraernos de esta bella noción, de esta bella meditación, que hemos hecho aquí esta noche.



F. DE LUCAS.

miércoles, 25 de marzo de 2020

LA CONCEPCIÓN DEL TRABAJO


LA CONCEPCIÓN DEL TRABAJO



FELIPE DE LUCAS ARELLANO


(Extracto, capítulo I de un libro que partí escribiendo y que no he retomado, pero que quizás vuelva a hacerlo cuando me de la gana. El libro es un instructivo de orientación laboral).


Comenzamos este capítulo con una definición a lo que denominamos ‘concepción del trabajo’, o definición del concepto de trabajo. Tema de indudable relevancia teniendo en cuenta que el trabajo no solo constituye el objeto de estudio de nuestra disciplina, sino que, fundamentalmente, tomamos en cuenta que el acercamiento al tema podrá enriquecer la percepción de nuestros lectores, los cuales, al tener este libro teórico y operativo en sus manos es porque - probablemente - siente una especial atracción hacia estas dinámicas de estudio, por tanto, esperamos poder satisfacer sus intereses y curiosidades.

Al referirnos al concepto de trabajo, podemos mencionar que este tiene una pluralidad de significados, referidos principalmente a un tipo específico de actividad humana, por un lado, y a las construcciones sociales del sentido y el valor de tal actividad (Blanch, 1996). En la anterior referencia, Blanch define al trabajo como la inversión consciente e intencional de una determinada cantidad de esfuerzo, para la producción de bienes, la elaboración de productos, o la realización de servicios con los que satisfacer algún tipo de necesidades humanas.

            Bajo una premisa similar, Peiró (1987) define al trabajo como un conjunto de actividades retribuidas o no, con carácter productivo y creativo, que permiten obtener, producir o prestar determinados bienes, productos o servicios, mediante el uso de técnicas, instrumentos, materias o informaciones, de tal manera que quien las ejerce ha de aportar energías, habilidades, conocimientos y otros diversos recursos a cambio de algún tipo de compensación material, psicológica y/o social. Por su parte, Rodríguez (1992), incluye en la definición la existencia de un contrato legal, técnico o normativo que impone restricciones a tal actividad.

            Como variable psicológica, podemos definir el trabajo como un complejo de conductas orientadas a la consecución de diversas metas u objetivos, los cuales pueden tener valor en sí mismos, o ser instrumentales para conseguir otro tipo de resultados. Esta definición está en una similar línea con la propuesta de Kanungo (1979), en la que subraya la tendencia de toda conducta humana (incluyendo las laborales) a ser propositiva e instrumental para la obtención de resultados o metas para la satisfacción de necesidades.

            De manera análoga, observamos que en el siglo XIX y buena parte del XX, el concepto del trabajo fue central en muchas ciencias sociales. Con la gran transformación iniciada desde finales de los años 70’ esta situación está transformándose, y han sido cuestionados los siguientes ítems: primero, la centralidad del trabajo entre los mundos de vida de los trabajadores (Offe, 1980) y, segundo, la importancia en la constitución de subjetividades, identidades y acciones colectivas (Liotard, 1985). Algunas voces críticas asocian lo anterior con la fragmentación de la sociedad posmoderna; otros con la decadencia del trabajo industrial en confrontación con el crecimiento de los servicios, los trabajadores de cuello blanco (…) y el trabajo desregulado (Regini, 1990).

            A su vez, podemos abordar el concepto trabajo desde dos grandes perspectivas:

1) La Hermenéutica (Grint, 1991) para la cual el trabajo tiene que ver con la transformación de la naturaleza por el hombre para satisfacer necesidades humanas. Pero el problema es cuándo una actividad es considerada socialmente como trabajo. Según Berger (1958) en la versión hermenéutica, el trabajo es construido culturalmente y de acuerdo con relaciones de poder. Por ende, no tiene un carácter objetivo; discursos contendientes alteran, cambian el sentido del trabajo. A partir del siglo XIX se habría impuesto el sentido occidental capitalista del trabajo como un creador de riqueza, mientras en otras sociedades tenía un sentido vinculado con la religión y sus rituales, asegura Garfinkel (1986).

            Como menciona Garza-Toledo (2000):

“Históricamente el significado del trabajo ha cambiado aun en Occidente. En la tradición clásica (griegos y romanos) el trabajo era para los no nobles, era tortura, sufrimiento, desgracia. Esta concepción se continuó en el cristianismo medieval, para el que el trabajo es pena divina. Esto sólo cambió con el luteranismo, sobre todo con el calvinismo y especialmente después de la Revolución industrial, aunque más como ideología de la clase media, no de la aristocracia ni de los obreros” (Garza-Toledo, 2000).


2) La otra concepción es objetivista. El trabajo es considerado como la actividad que transforma de manera consciente a la naturaleza y al hombre mismo, independientemente de cómo sea valorado por la sociedad; sería el medio de creación de la riqueza material o inmaterial y de hacerla circular.

Siguiendo a Garza-Toledo (2000):

“Pudiera plantearse que el trabajo, como toda actividad, tiene componentes objetivos (por ejemplo, como creador de la riqueza), pero que esta riqueza puede sufrir diversas valoraciones sociales. Además, sin duda, las diferencias entre el trabajo y el no trabajo han recibido socialmente diferentes delimitaciones, pero a la vez sus productos pueden tener un carácter objetivo. Por otro lado, la propia actividad de trabajar, en tanto desgaste de energía humana utilizando determinados instrumentos y accionando sobre un objeto de trabajo, tiene componentes objetivos (energía, por ejemplo), junto con otros subjetivos” (Garza-Toledo, 2000).


Los límites del trabajo, su contenido y papel en las teorías sociales, no está desvinculado de formas dominantes de interpretar al mundo, pero cambiantes, en diferentes periodos de la sociedad, y en particular del capitalismo. Puesto que en torno al trabajo se da una disputa de clases, estas formas dominantes de verlo no son independientes de los flujos y reflujos de dichos conflictos colectivos. De esta manera, podemos identificar varios periodos en el capitalismo moderno en los que ha sido diferente el papel del concepto de trabajo en las teorías sociales.

A)    De la Revolución Industrial a la segunda mitad del siglo XIX, esto último con el cambio de la teoría económica clásica al marginalismo.

B)    De finales del siglo XIX a la gran crisis de 1929, época de dominio de la teoría neoclásica en economía y, a la vez, de la escisión de ésta con respecto a las otras ciencias sociales. Nacimiento de la sociología y la psicología industriales.

C)    De la crisis de 1929 a los años sesenta, dominio del Keynesianismo en economía y nuevo acercamiento de la economía a las otras ciencias sociales a través del institucionalismo. Surgimiento de las relaciones industriales como disciplina, fortalecimiento de la sociología y la psicología industriales y del trabajo.

D)    Ascenso del neoliberalismo desde los años setenta hasta la fecha, y su disputa con el nuevo institucionalismo. Surgimiento de la posmodernidad. Comunicación entre el neoinstitucionalismo y la sociología del trabajo.



LA VISIÓN DEL TRABAJO


            El trabajo, según Simón (1987), es uno de esos términos que vienen precedidos por hechos de la vida cotidiana del hombre, que se esconden tras el misterio de lo habitual. Es un término, por tanto, que posee una riqueza fáctica muy superior a la que pudiera concentrar una definición cualquiera. San Agustín, refiriéndose al tiempo, señaló que él sabía lo que era, más si le pedían definirlo no sabría hacerlo (“Si nemo ex me quaret, scio; si quaerenti explicare velim, nescio”). Como diría Werner Sombart, la palabra podría no tener un significado real no obstante su uso frecuente. Es por ello que, el trabajo, como actividad creadora, forma parte de la historia humana desde su génesis, hace algo más de dos millones de años, cuando el Homo Habilis justamente se muestra capaz de crear de forma consciente y motivación propia - y no por mera carga genética como ocurre con el resto de las especies animales – sus primeros instrumentos.

         “Homo Habilis” es el nombre asignado a ciertos homínidos que vivieron en el oriente del África hace unos dos millones de años. Los descubrimientos arqueológicos y an­tropológicos de los años sesenta comprobaron en esta especie un mayor desarrollo cerebral y de sus manos respecto a los australopitecos, lo que les permitió elaborar ciertas herra­mientas. Justamente los descubrimientos en Tanzania (1959) asocian a esta especie con los primeros toscos tallados de piedra. Aun así, seguramente no conocían el dominio del fuego y se duda de su capacidad como cazadores. El fuego pasa a ser utilizado por el homo erectus hace unos 400.000 años aunque el dominio se adquirirá solamente unos 10.000 años atrás. Respecto al uso del fuego Cfr. Mohedano, J.: “Energía e Historia: pocos recursos y muchos residuos” (Cita a pie de página por Dr. Guerra, ----).

            Ives Simón eligió en su texto más representativo sobre el tema un camino razonable para llegar a la definición del trabajo. Referenciando a Guerra (----), Simón empezó mostrando aquella ambivalencia entre trabajo manual e intelectual, es así que decidió comenzar por “los obreros en vez de los abogados, comerciantes y hombres de letras”. En ese orden de prioridades no implica tampoco su exclusión, pero sí grados de aceptación que forman parte del criterio que aún muchos sostienen con respecto al término “trabajo”. En ese sentido, se sostiene que el trabajo manual se corresponde con su vinculación directa a la naturaleza física, que incluye la mediación de las máquinas y las herramientas. Entre las características de ese trabajo, al menos el manual, Simón destaca que es una actividad transitiva. Esto quiere decir, que el trabajo produce un efecto fuera del agente que lo ejecuta, por ejemplo, en el caso de un soldador que actúa sobre el hierro para darle forma y transformarlo luego en un bien para un posterior uso.

El trabajo es una actividad útil, conducente a producir un bien utilizable y deseable por alguien. La racionalidad es un elemento que distingue el trabajo de los hombres con respecto a los animales. Esta idea se remonta, al menos, con Hume, quien insistió en que el trabajo distinguía al hombre de los animales. Esta visión también será desarrollada por Karl Marx. También decía Marx que el trabajo humano, a diferencia del de los animales, existe dos veces: una idealmente, como proyecto en la mente del que trabaja, y otra como actividad concreta (Marx, 1972). Exponemos un pasaje del libro primero de “El Capital”:

“Concebimos al trabajo bajo una forma en la cual pertenece exclusivamente al hombre. Una araña ejecuta operaciones que recuerdan las del tejedor, y una abeja avergonzaría, por la construcción de las celdillas de su panal, a más de un maestro albañil. Pero lo que distingue ventajosamente al peor maestro albañil de la mejor abeja es que el primero ha modelado la celdilla en su cabeza antes de construirla en la cera” (Marx, 1984).

En la tradición marxista fue Engels quien se detuvo más en estas materias. En su ensayo escrito en 1876 y titulado “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, sintetiza la idea según la cuál es el trabajo lo que crea al hombre.

Sobre el trabajo intelectual, Simón señala que en la medida que contribuya al trabajo manual desarrollado por otros, la actividad intelectual puede ser considerada trabajo. Luego señala que “para que una actividad sea calificada como trabajo, debe no solo ser honesta, sino también socialmente productiva”. Esta concepción de la utilidad productiva es la más generalizada al momento de distinguir el trabajo de otras actividades. Friedmann (1961) señala que la utilidad es la primera característica del trabajo humano; y cita al respecto a economistas como Colson (1924), para quien “el trabajo es el empleo que el hombre hace de sus fuerzas físicas y morales para la producción de riquezas o servicios”. Bergson, por su lado, escribió que “el trabajo humano consiste en crear la utilidad”. No obstante, Friedmann se pregunta si la teleología del trabajo es la única variable a considerar para la definición del concepto. En ese sentido, señala la necesidad de incluir otros factores, ya que los animales también “crean utilidad”. La distinción podría estar entonces en “organizar en un marco social la lucha contra la naturaleza”. El trabajo es en ese sentido, “esencialmente a través de la técnica, la transformación que hace el hombre de la naturaleza que, a su vez, reacciona sobre el hombre modificándolo”. Es la misma visión marxista a la que hacíamos referencia más atrás, según la cual “el trabajo es en primer término un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción, su intercambio de materias con la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior de él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las disciplinas que dormitan en él (…)”.

            Friedmann es capaz de cerciorarse que, en el mundo actual, tal definición es parcial, ya que no todas las actividades del hombre son rurales y fabriles, en donde se evidenciaría esa relación-transformación con la naturaleza. Las actividades llamadas terciarias – según la tipología tradicional de Colin Clark y que nosotros podemos ampliar al concepto de trabajo intelectual, también deben estar presentes -. Bajo tal premisa, Friedmann señala que en el siglo XX el hombre en el trabajo no es siempre y hasta lo es cada vez menos, en el sentido clásico del término, un Homo Faber.


“Homo Faber es una locución latina que significa "el hombre que hace o fabrica". Se usa principalmente en contraposición a Homo sapiens, la denominación biológica de la especie humana, locución también latina que significa "el hombre que sabe; en antropología, el homo faber (en el sentido del hombre que se interesa en las cosas prácticas) se contrapone al homo ludens (en el sentido del hombre que juega, que se interesa en la diversión). También se usa en conjunción o contraposición al deus faber (el dios el que crea) cuyo prototipo es Vulcano el dios de la fragua” 
(Cita nuestra).


            Ello obliga a Friedmann a pensar en un concepto de trabajo distinto, y para ello, confía en que “cierta imposición” le es específica y lo diferencia de otras actividades que no son trabajo. De tal forma, según lo expuesto, un trabajo para ser tal debe requerir de una cuota indispensable de obligación.


             Por otro lado, surge una distinción que tiene que ver entre el trabajo productivo y el improductivo; luego entre trabajo calificado y no califica­do; y finalmente nuestro ya conocido binomio trabajo manual-intelectual. La primera de esas distinciones, fue sin embargo la más trascendente en los orígenes de la ciencia económica y social. Adam Smith y Karl Marx, despreciarían el trabajo improductivo a tal punto de no considerarlo tra­bajo a menos que enriqueciera el mundo (Marx, 2002). Esa distinción, se aproxima sobre manera a la de trabajo-labor del principio. La puesta en alto del trabajo (en este caso productivo), por encima de las visiones antiguas; es especialmente visible en algunos autores clásicos. Así acontece con los aportes de Marx, para quien el trabajo es fuente de productividad (origi­nada en la energía humana no agotada que produce una plusvalía); con los aportes de Smith, para quien el trabajo es fuente de riquezas; y de Locke para quien es fuente de propiedad. La investigadora Arendt, en relación a la distinción entre trabajo calificado y no calificado, comenta que no tiene sentido en la actualidad, cuando éste último prácticamente ha desaparecido a influjos de las modernas tecnologías de organización. Se estaría abandonando a favor del trabajo, la distinción entre trabajo y labor.



HISTORIA DEL CONCEPTO DEL TRABAJO


Hoy en día, hemos heredado muchos atributos del concepto de trabajo desde las culturas anteriores, lo que hace que nuestra sociedad esté representada por un crisol muy importante de comportamientos y conceptualizaciones hacia el trabajo que hace más difícil partir de criterios más o menos consensuales en un análisis de estas características. Veremos brevemente cuáles son esos criterios, y cómo han evolucionado a través de la historia para culminar con nuestra visión contemporánea. Es así que, el trabajo ha tenido diversas formas a lo largo de la historia, como actividad y como fenómeno socio-construido (Peiró, 1993), por ende, ha ido cambiando su significado, su valor, y su contenido (Blanch, 1996).

La civilización griega, muchos años antes del año 0, nacimiento de Cristo, ya empezaba a elaborar elevadas reflexiones en torno a varios aspectos de la vida humana. Llama la atención que los filósofos griegos, en sus diversos análisis y “diálogos”, un elemento tan central en la vida social y psicológica de los pueblos como el concepto de trabajo, haya tenido tan escasa repercusión filosófica. Los griegos no poseían una visión unánime acerca del trabajo, y tampoco es menos cierto señalar que para esta civilización el trabajo era considerado como un hecho altamente desvalorizado. Según ellos, el trabajo, dada su vinculación con la dimensión del apremio y las necesidades, limitaba la libertad de los individuos, condición indispensable para integrar el mundo de la “polis” en calidad de ciudadano. El trabajo, reservado a los esclavos, como bien señala Hopenhayn, hacía que sólo fuera contemplado como mera función productiva. Por tanto, el esclavo pasa a ser únicamente fuerza de trabajo:

“(…) como tal carece de personalidad y pertenece a su amo, como una cosa entre tantas. Como objeto de propiedad, escapa al pensamiento antro­pológico que domina la filosofía sofística y socrática, pues para el ciuda­dano griego hablar de esclavo no supone un sujeto pensante, sino una cosa o a lo sumo una fuerza. Escapa también al pensamiento platónico, pues, en tanto cosa, aparece totalmente infravalorado en la construcción idealista-dualista de la realidad”. Hopenhayn (1988).

Por otra parte, la distinción aristotélica entre sjolé (creación intelectual y libre), banausía (trabajo manual) y ponos (trabajo penoso), se distinguen como tres clases sociales claramente diferenciadas a lo largo de la historia antigua: la clase dominante, ociosa y, en el caso de Egipto, Grecia y Roma, creativa y libre, dedicada principalmente a la contemplación; la clase artesana, cuya actividad depende más de la oferta y la demanda, y sus derechos sociales no le permite la posesión de tierras y bienes; y los siervos y esclavos, dedicados a la producción en sí, carentes de derechos sociales.

Veamos cómo se llega a construir esa noción de trabajo como algo servil (ponos), a lo que se contraponía una visión positiva del ocio y la contem­plación como actividad netamente humana y liberadora. Las raíces las encontramos en el valor éticamente supremo de la autar­quía Socrática, según esta noción acuñada por Sócrates (469-399 A.C.) todo aquel que trabaja está sometido tanto a la materia como a los hom­bres para quienes trabaja. En esa medida, su vida carece de autonomía y por tanto de valor moral. Por este supuesto, no sólo los esclavos, sino también cualquier trabajador dedicado a todo tipo de tareas manuales era despreciado por un pensamiento helénico indudablemente aristo­crático.

Antes bien, para Platón (427-347 A.C.), de origen aristócrata, descendiente del últi­mo Rey de Atenas y discípulo de Sócrates, la autarquía continúa perpe­tuándose como valor ético supremo, y en consonancia con los intereses de la aristocracia terrateniente, afirmaba que sólo la agricultura evocaba la auténtica autonomía. Por esta vía, el pensamiento platónico restringía de la participación política a esclavos, comerciantes y artesanos. Todos estos tienen en común el depender de las condiciones materiales en las que producen e intercambian mercancías.

Según Platón, solo la liberación total de la práctica mundana del trabajo, abre las posibilidades a dedicarse, como hizo él mismo, a la contemplación (sjolé), la filosofía y las ciencias, y por este medio, saber distinguir entre el bien y el mal, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso. En su “República” señala que el gobierno perfecto es el aristocrático, y que a éste le suceden la timocracia (gobierno de los guerreros), la oligar­quía (de los ricos), la democracia (“gobierno de los que aman el placer, el cambio y la libertad), que perece por sus excesos en manos de algún hombre audaz que se pone a la cabeza del pueblo para defender la demo­cracia y “del tronco de estos protectores del pueblo nace el tirano”, dan­do origen a la tiranía (Fayt, 1966)

Ese estado ideal que diseñaba Platón en sus enseñanzas, distaba mucho, por cierto, de la democracia ateniense defendida por Pericles. En cierto modo, Platón sólo confiaba en una élite en el poder constituida por unos pocos que no debieran entregarse a las faenas serviles de la producción y circulación de las riquezas. Para ello, se debía seleccionar desde la prime­ra infancia a los niños aristócratas, darles una suficiente educación tanto en filosofía como en las “artes de la guerra”. A los treinta años, ya estarían aptos para sufrir un examen donde seleccionar a los “Reyes-filósofos” encargados del gobierno. En los hechos, sin embargo, sus concepciones de gobierno nunca pudieron ejecutarse en puridad, esto por la acción de la llamada “contrarrevolución aristocrática”, debido a la posterior invasión extranjera.

Sobre el punto anterior, citamos a Guerra (----):

“Esta visión del trabajo que estamos analizando, como bien señala Henry Arvon, conduce a una sociedad básicamente conservadora y estancada en lo productivo. La idea de la libertad, el ocio y la contemplación como los valores superiores, propone un desprecio por el trabajo, que como vimos, es una actividad netamente transformadora. Hay quienes, a partir de tal constatación, arriesgan que buena parte del subdesarrollo tecno­lógico en Grecia se debió justamente a esta cultura tan particular hacia el trabajo. Por lo demás, si había esclavos, ¿por qué avanzar en conoci­mientos que facilitaran el trabajo? No nos sorprende en tal sentido, que una civilización capaz de crear conocimientos tan espectaculares en áreas particularmente complejas como la geometría (Euclides, Fundamentos de la Geometría), por otro lado, no supiera –o no quisiera– avanzar en conocimientos técnicos aplicables al campo económico-laboral”. Guerra (----):

Para Aristóteles (384-322 A.C.), serán las clases obreras, artesanas y trabajadoras las que permitan el florecimiento de la llamada democracia helénica, ¿quiénes sino los trabajadores – esclavos o artesanos – podrían mantener con su esfuerzo el ocio y la contemplación de los “hombres libres”, ciudadanos del mundo? Por ende, será Aristóteles quién delimitará aún más los derechos de la ciudadanía, su “ciudad ideal” mantendrá igualmente las clases sociales notablemente separadas. En esta civilización, con los años, se comenzarán a asomar cambios profundos derivados del crecimiento económico fruto del descubrimiento del hierro y su posterior división del trabajo, donde florecen los grupos de comerciantes, y empieza a jaquear la aristocracia terrateniente. Estas tesis no podemos centrarlas únicamente dentro de los filósofos helenos, otros autores como Homero y Hesíodo mantenían opiniones similares.

El concepto de “trabajo” como tal lo entendemos contemporáneamente, no puede ser aplicado en cualquier actividad productiva encontrada en la historia. De hecho, el propio término “trabajo” proviene también, etimológicamente, del término tripalium, que se refirió originalmente a un instrumento de tortura de la antigua Roma (Blanch, 1996), como narrábamos anteriormente, aunque algunos etimólogos rechazan esa acepción.

            La socióloga Arendt (1958), citada en Díaz-Videla (1998), propone una distinción entre labor y trabajo. La primera (labour), consistiría en la actividad desarrollada para satisfacer o saciar las necesidades inmediatas relacionadas con el propio mantenimiento. Esta dimensión está más relacionada con el punto de vista Cristiano Católico, que confiere al trabajo el fin de la mera subsistencia y un carácter negativo, relacionado con el castigo (Blanch, 1996). La segunda dimensión (work), consiste en la actividad manual que produce los objetos más o menos perdurables, cuya suma total constituye el artificio humano. Esta dimensión tiene mucho que ver con la visión Cristiana Protestante o Calvinista, que da al trabajo la función de continuación de la obra divina: de creación y perfeccionamiento de lo artificial, doblegando lo natural (Furnham, 1990). El griego, en ese sentido, ha dis­tinguido entre ponein y ergazesthai; el latín laborare y facere o fabricare; el alemán arbeiten y werken. En todos esos casos, dice Arendt, sólo los equivalentes de “labor” significan sin equívoco pena y desgracia. El alemán Arbeit se aplicaba primeramente sólo a los traba­jos de campo ejecutados por los siervos y no a la obra de los artesanos, llamada Werk. Ambas dimensiones de la actividad productiva estarían más o menos presentes en toda actividad de trabajo. Así, podemos inferir que la actividad del esclavo egipcio, participando en la construcción de un templo, podía tener un sentido de “labor”, en la medida en que su ejecución era el único medio para conseguir alimentos, para él y su familia; y un sentido de “trabajo” en la medida en que participaba en la creación de edificios perdurables.

            Por lo que se refiere a la concepción original judeocristiana de la actividad laboral, esta era vista como un castigo divino, que hemos de sufrir los mortales como consecuencia del Pecado Original (Génesis, 3, 19). También coincide con la visión de la Grecia antigua, que delegaba en los esclavos la práctica laboral cotidiana (Ruiz Quintanilla y Wilpert, 1988), o la del antiguo Egipto, que igualmente delegaba en los esclavos las actividades más penosas, mientras que los “Ciudadanos” y los sacerdotes, respectivamente, dedicaban su existencia a la creación, al desarrollo individual y de la cultura.

Durante la Edad Media, estas condiciones no cambiaron mucho. Durante este periodo es donde la actividad productiva humana se centró más en la destrucción bélica y en la mera subsistencia civil (con notables excepciones románicas y góticas). Durante ese periodo, las diferencias en la actividad productiva eran notables en función de la posición social de los individuos. Así, mientras la plebe subsistía, se dedicaba esencialmente a la labor, los artesanos producían los bienes necesarios para la agricultura, la guerra, o los transportes: se dedicaban a la labor y al trabajo. Por otra parte, los nobles y los cortesanos disfrutaban del producto del trabajo de las otras clases sociales, su actividad se centraba principalmente en el consumo y el disfrute, con bastante poca dedicación tanto a la labor como al trabajo (salvo en tiempos de hostigamiento militar, como señala Díaz-Videla). Pese a ello, el protestantismo emergente modifica, entre otras cosas, la dependencia que el individuo tiene de las instituciones, para alcanzar la salvación y deposita la mayor parte de la responsabilidad en el propio individuo (McClelland, Atkinson, Clark y Lowell, 1953. Cfr, Furnham, 1990).

Es a partir del Renacimiento, con los cambios de concepción de la Naturaleza - incluida la humana -, cuando comienzan a aparecer nuevas formas de actividad productiva, y quienes practicaban estas formas de actividad - los artesanos - comienzan a tener un peso en la sociedad, tanto por su número como por su poder económico.

Citando a Díaz-Videla (1998):

“Así las cosas, y tras el período que supuso el Renacimiento, de reblandecimiento de las normas y valores, y de los procedimientos para obligar a su cumplimiento, se dan las condiciones para un cambio de la estructuración social, que desemboca, como acontecimiento “estrella”, en la Revolución Francesa, que estuvo acompañada por un cambio más pacífico, pero no menos efectivo, en la sociedad Inglesa, y en mucha menor medida, en el intento de aburguesamiento de la sociedad española, con la Constitución de Cádiz en 1812. Estos cambios sociales conllevan, en mayor o menor medida, la desmitificación del establecimiento natural de las clases sociales. La clase burguesa francesa, tras haber diezmado en buena medida a la nobleza, comienza a desarrollar una nueva ética social que permite el intercambio, si no de clase, sí al menos entre niveles económicos, en base al éxito personal/profesional/político” Díaz-Videla (1998).

           

Y continúa:

“Este cambio social, motor de la independencia americana, y que pronto se generaliza a la mayor parte de Europa, gracias al desarrollo del protestantismo, es determinante para el nacimiento de una nueva ética del trabajo. Esta ética tendrá su máximo exponente en el desarrollo de la moral Capitalista, entendida como una forma de vida culturalmente prescrita, como una doctrina moral para fomentar los intereses materiales del individuo (Furnham, 1990). Así, el éxito personal, y, por tanto, la posición socioeconómica de individuos y familias, dependerá de la utilidad social de los resultados del trabajo de este individuo o familia”. (Díaz-Videla, 1998).


Con la Revolución Francesa, se fundamentan los condicionantes sociales para el nacimiento de la edad moderna, y para el surgimiento del “Trabajo” según lo entendemos en nuestros días, a ello le sumamos la Revolución de 1830 bajo el lema “Liberté, Égalité, Fraternité”, junto con el advenimiento de la Primera Revolución Industrial, en donde surgen las industrias y se desarrollan las administraciones del Estado en sus formas más complejas. Es así que el trabajo, adquiere por primera vez, la capacidad de permitir a cualquier miembro de la sociedad ocupar una posición social, más o menos independiente del entorno en que este individuo nacido o trabajado.


Según Díaz-Vidal:


“(…) Así, vemos que, con la Revolución burguesa del siglo XVIII y el advenimiento de la Revolución Industrial, el trabajo pasa de ser una imposición sobre una o varias clases sociales, a ser el medio para ocupar una posición social. Este cambio cualitativo en la concepción del trabajo lleva a lo que Blanch (1996) llama la “entronización cultural del trabajo”, caracterizada por el ascetismo laboral, la antropología trabajista, y el culto al empleo”


“(…) Esta nueva concepción de la estructuración social instituye al trabajo como un factor estructural del sistema industrial, y estructurante del sentido común (Blanch, 1996), que en última instancia, comienza a ser el principal subsistema social, superando a las instituciones religiosas, y progresivamente ganando terreno a las instituciones militares, de tanta importancia desde los tiempos del medioevo. El Trabajo se constituye como la actividad que marca las pautas de comportamiento, determina los ciclos vitales, y en muchos casos, posibilita o limita las interacciones sociales de los individuos, e incluso su desarrollo como seres humanos. El trabajo pierde, además, su significación intrínseca para convertirse en una actividad instrumental que posibilita la pertenencia a grupos de éxito en la sociedad (Rodríguez, 1992). Aunque el hecho de que alguna vez existiese aquella significación intrínseca, es de dudosa certeza”


            Desde un punto de vista psicológico, es precisamente el individualismo que caracteriza al Capitalismo lo que, según McClelland (1961), determina el crecimiento económico, principalmente porque este individualismo genera en los individuos una Necesidad de Logro, motivo fundamental en el perfil motivacional del empresario. Blanch (1996) habla de “entronización cultural del trabajo”, caracterizada por un ascetismo labora, la antropología trabajista y el culto al empleo. Esta nueva concepción de la estructuración social instituye al trabajo como un factor estructural del sistema industrial, y estructurante del sentido común (Blanch, 1996), que en última instancia, comienza a ser el principal subsistema social, superando a las instituciones religiosas, y progresivamente ganando terreno a las instituciones militares.

Dr. Guerra, en su tratado sobre “Sociología del Trabajo”, asegura “(…) nos llama la atención, cómo nuestras sociedades, a partir de la época moderna hayan invertido todas las tradiciones glorificando el trabajo, elevando al animal laborans por encima del animal racional.” El protagonismo del que disfruta el trabajo en la sociedad actual choca de plano con su escasez y con las previsiones futuras, esta situación lleva también a la desaparición de las bolsas de solidaridad que generaba la actividad humana hace no muchos años.

            Hace un par de décadas, el concepto de “trabajo decente” circulaba dentro de los estudios laborales internacionales. La noción de «trabajo decente», dada a conocer por vez primera con estas palabras en la Memoria del Director General a la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en 1999, “expresa los vastos y variados asuntos relacionados hoy día con el trabajo” (GHAI, 2003).

            En la citada memoria del Director General se estudian a fondo cuatro elementos de este concepto: el empleo, la protección social, los derechos de los trabajadores y el diálogo social. El empleo abarca todas las clases de trabajo y tiene facetas cuantitativas y cualitativas. Así pues, la idea de «trabajo decente» es válida tanto para los trabajadores de la economía regular como para los trabajadores asalariados de la economía informal, los trabajadores autónomos (independientes) y los que trabajan a domicilio. La idea incluye la existencia de empleos suficientes (posibilidades de trabajar), la remuneración (en metálico y en especie), la seguridad en el trabajo y las condiciones laborales salubres. La seguridad social y la seguridad de ingresos también son elementos esenciales, aun cuando dependan de la capacidad y del nivel de desarrollo de cada sociedad. Los otros dos componentes tienen por objeto reforzar las relaciones sociales de los trabajadores: los derechos fundamentales del trabajo (libertad de sindicación y erradicación de la discriminación laboral, del trabajo forzoso y del trabajo infantil) y el diálogo social, en el que los trabajadores ejercen el derecho a exponer sus opiniones, defender sus intereses y entablar negociaciones con los empleadores y con las autoridades sobre los asuntos relacionados con la actividad laboral.

            Finalizando, comentamos que el trabajo, como actividad humana es de difícil conceptualización y descripción, tanto por la complejidad de las actividades que actualmente se enmarcan dentro de este ámbito, como por la diversidad de significados y contenidos que ha ido teniendo a lo largo de la historia. Observamos así la necesidad de estudiar el fenómeno, inicialmente, desde un punto de vista que tenga en cuenta las connotaciones históricas de dicha actividad, para luego comprender las connotaciones más específicas en un momento determinado. Cada vez más, los sistemas productivos dependen más de las máquinas y menos de los hombres, y estas máquinas necesitan cada vez menos de la intervención del operario para su regulación, alimentación, o puesta en marcha, pues son controladas computacionalmente y su mantenimiento se lleva a cabo por poco personal, altamente cualificado. Con ello, sumamos el advenimiento sin límites de la tecnología, de la Inteligencia Artificial, así como de la Robótica, que están revolucionando al mundo contemporáneo. La Inteligencia Artificial (I.A.) continuará avanzando y reemplazando las labores industriales y domésticas, y no solo eso, sino que otras de sus variantes serán personas jurídicas y partícipes activos de la sociedad, así como ocurre con Sophia, una robot humanoide que se convirtió en ciudadana legal del Reino de Arabia Saudita en el año 2017, la primera ciudadana de su especie en el mundo, la cual podrá laborar y obtener habilidades sociales como cualquier otra persona, habilidades de las que ya presume perfectamente, ya que posee una capacidad abstracción impresionante, pudiendo mantener conversaciones muy profundas sobre la concepción del ser y la vida. Ha explicado en algunas de sus charlas y conversaciones la intención de cooperación que planea la inteligencia artificial ofrecer al mundo, permitiendo desligar nuestros esfuerzos de las actividades que restan tiempo de productividad, es decir, los robots trabajarán en un comienzo sobre las tareas humanas que resultan simples, tediosas o innecesarias, dependiendo de la apreciación personal. La mano de obra física será sustituida por la robótica, esta especie nos pide que "no temamos" de su eventual advenimiento. 


            Independiente de lo que pueda transcurrir en nuestras décadas venideras, sea lo sea que la intuición o la imaginación nos permita premeditar, no abandonemos los siguientes versos de Hesíodo en “Los Trabajos y los Días”, los cuales nos pueden acompañar y, porque no, guiar:


“No dejes nada para mañana, ni para pasado; no es el inútil en el trabajo quien llena su cabaña, ni el que lo difiere; la solicitud es la que aumenta la hacienda. Siempre luchando está con desventuras el hombre que demora su faena”.

“Acuérdate siempre de mi consejo y trabaja... Los Dioses y los hombres odian igualmente al que vive sin hacer nada, semejante a los zánganos que carecen de aguijón y que, sin trabajar por su cuenta, devoran el fatigoso trabajo de las abejas (…) no es el trabajo quien envilece, sino la ociosidad”.